El Caballo


El caballo es el poder. Hoy en día, la potencia de un motor aún se mide en caballos. Él dio poder al humano, lo hizo veloz, libre y ligero. Antes era lento, atado a tierra, arrastrando cargas enormes, sin posibilidad de explorar largas distancias. Le dio levedad y elevación sobre la tierra. ¿Qué es lo que da a un humano su levedad? La mente eleva al humano por encima del animal que está más atado a tierra, a lo que su cuerpo le manda. El de antes, el humano sin caballo, lento, pe­sado, es el humano dormido que arrastra la pesada carga de miedos, juicios, bloqueos y creencias que enlentecen y atascan. Pero a partir del caballo, el humano tuvo la posibilidad de ser libre, y ¿qué libera a un humano de su pesada carga de miedos?

¡La conciencia! La conciencia es el jinete que lleva las riendas del animal, que es la mente y te hace libre, veloz para crecer y llegar a tu destino. Ese es tu poder como humano que eres y el caballo te lo muestra. Un caballo jamás salta una valla cuando está dentro de un cer­cado. En libertad suele rodear los obstáculos, no saltarlos. Pero con un jinete que lo guía salta increíbles alturas sin pestañear si él se lo manda. Ese mismo poder tiene tu cabeza pensante, infrautilizada sin la conciencia que la guía pero con un vasto poder en cuanto la gobierna un jinete que alinea su voluntad con su sensibilidad y sus ideas. Por eso, un caballo no usa su poder para enfrentarse o huir del humano sino que cede su lomo para él.

El caballo te habla de tomar las riendas de tu mente, de tu cuerpo y de tu vida; tomar las riendas de lo que quieres, lo que sientes y lo que piensas. Un acto motivado por miedo es regalar tu poder al exterior, no llevas las riendas, lo físico te domina. En realidad, el caballo te está diciendo que la mente en sí misma no es disfuncional, es una herramienta maravillosa, hermosa y poderosa, pero mal usa­da. Si crees que eres ella, se adueña de tu vida. Pero con un jinete, se convierte en algo con una sorprendente gracilidad llena de fuerza, un enorme y pesado cuerpo, pero leve a la vez, con armonía, gracia y dignidad. Como un caballo: en total equilibrio entre gravedad y levedad. Al igual que algunos vehículos, tiene un modo automático para los momentos en que no necesita o no importa un piloto cons­ciente. Es hermoso, útil, ingenioso, te transporta, pero no eres tú. Tú eres el piloto, el jinete, no la nave, no el caballo. Una nave en constante piloto automático se estrella.

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