Animales como alimento


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Ya está aquí el sexto programa del Podcast Plumas en los Bolsillos, y la nueva Sección «El Amor que nos Rodea», un programa dedicado a los animales y el bien que hacen a nuestras vidas.

En esta ocasión «Animales como alimento» hablamos del simbolismo de los animales que nos comemos, también del simbolismo de la carne y los aspectos éticos de cómo los cuidamos.

el amor que nos rodea

¡Que la conciencia animal te guíe!

Si te interesa comprender mejor a los animales y el amor que son, la sección «El Amor que nos rodea» está inspirada en el curso «Las 7 Leyes de los Animales»

Por si eres más de leer:

Ya hemos hablado largo y tendido a lo largo de los anteriores programas sobre los animales como Alimento para el alma, así que ahora toca hablar de ellos como alimento para el cuerpo.

Como algunos de vosotros sabéis, soy vegetariana, pero no me gusta criminalizar a quien come carne, de hecho, no he impuesto mis creencias a nadie de mi familia que siguen comiendo carne y pescado. Opino que es natural alimentarse de los animales, algunos de ellos lo hacen, matan a otros animales por subsistencia, aunque una vez ellos satisfacen la necesidad de matar para mantener la vida, vuelven a la armonía con el entorno, a diferencia de nosotros, por lo que, mi opinión es que como humanidad, lo que nos hace falta es poner más conciencia y tratarlos con más respeto.

La forma ancestral de cazar, la forma de nuestro hemisferio cerebral derecho, el hemisferio del corazón, el intuitivo, que se siente unido con todo lo que le rodea, es muy respetuosa, conectando con la presa a nivel telepático, pidiendo permiso, siguiendo el rastro con la intuición y perfeccionando la forma de dar muerte para que el animal nunca sufra, y por supuesto honrando posteriormente su carne, para el crecimiento del grupo que la aprovecha.

Esa forma se ha perdido en la civilización occidental que sobrevalora el hemisferio mental, y trata a los seres sensibles como objetos, esta civilización ha malinterpretado la caza como un deporte en el que hay disfrute por la muerte y el sufrimiento, sin conciencia, sin dar un uso noble. Como dije en otro programa, me parece que es innecesaria esa crueldad, es perpetuar el gusto por el sufrimiento y la muerte, y habría ya que pasar página como humanidad.

En origen se domesticó a los animales para tener acceso a la leche, los huevos y la carne sin mucho esfuerzo, pero, había una relación del granjero con el animal, aunque siempre estamos proyectando y la relación también pudo incluir la descarga violenta, también había hermosas relaciones de los integrantes de la familia con estos animales, que no estaban constantemente encarcelados y podían satisfacer sus anhelos de conexión con la tierra. Había cierta relación, cuidados, protección, y a veces, como digo, cariño. Los animales supuestamente domesticados, no solían huir; especies como las gallinas, las ovejas, las vacas, o los cerdos, acompañaron al humano y decidieron que los establos de granjas extensivas podían ser sus refugios.

Aunque, un detalle, las tribus aisladas que aún viven la conexión con el entorno, no suelen domesticar animales, quizás porque al estar conectados, confían en que todo lo que necesitan llegará, por lo que quizás el ansia de domesticar responde en cierta forma a un miedo insano de nuestro inconsciente por la desconexión de la mente con la naturaleza.

Sin embargo en la actualidad, la industrialización, la ciencia, la economía, el monopolio de la mente fría, coloca a los animales en cubículos a producir, estudiando cómo sacar el máximo rendimiento del animal con el mínimo esfuerzo tanto económico como relacional, viéndolo como un objeto aprovechable, que no tiene alma ni necesidades, al que se le alimenta con piensos desvitalizados y antinaturales, calculando los engordes y los crecimientos con hormonas, preñando cuando conviene con inseminaciones, apartando a las madres de los hijos, retorciendo las horas de luz para que haya puesta de huevos todo el año, tratando con químicos tóxicos cuando enferman por la situación de angustia, siendo ahora además los focos propicios en los que los nuevos virus que provocan pandemias mutan, por el hacinamiento, las condiciones higiénicas nefastas y la similitud genética de los animales presos… bueno, mejor no sigo porque es muy triste… a lo largo de mi vida profesional, trabajé en esas explotaciones, y en mataderos, pero no os voy a contar nada de mi experiencia en estos pozos de energía oscura.

vegetarianismo pros y contras

Tan sólo quiero hacer mención a que esta sociedad mental no sólo objetualiza a los animales, también a los seres humanos. Tengo la misma sensación de angustia cuando paso cerca de una explotación intensiva o de un matadero, que cuando paso cerca de un prostíbulo de carretera, donde la mujer también es tratada como objeto de placer, son las granjas de mujeres, donde habitan, ocultas a la luz, mujeres tratadas como objetos de consumo, las nuevas formas de esclavitud del mundo de la mente, que tal y como dijo Joaquín Phoenix cuando recibió el Oscar por Joker, tiene la creencia, de que una nación, una raza, un género, una especie tiene derecho a dominar, controlar, abusar y explotar a otra con impunidad.

Estamos tan desconectados del mundo natural que un entrecot es un objeto delicioso y sofisticado, y trituramos músculos para ponerlos entre dos rebanadas de pan, sin conciencia de cuál es su origen.

De hecho, quiero ser justa en mis creencias y destacar que en el Vegetarianismo y el Veganismo también hace falta poner conciencia, porque la producción intensiva de alimento vegetal como la soja, muy presente en la dieta vegetariana y vegana, daña también el medio ambiente. Los enormes monocultivos de soja destruyen ecosistemas enteros, como la Amazonia, desplazando a millones de animales salvajes. Estas plantaciones son rociadas con grandes cantidades de herbicidas, afectando seriamente el medioambiente y la vida animal. Después se utiliza maquinaria pesada y contaminante para su recolección. Todo sin abordar el tema de la manipulación genética de las plantas.

Aunque siempre hay esperanza, la de que despertemos nuestro hemisferio derecho, el del corazón, el de la intuición, el genio que llevamos dentro, el de la telepatía, y podamos comunicar con todas las almas que habitan la naturaleza, y nos sintamos al fin unidos, y hagamos un buen uso de la mente siendo ingeniosos y creativos, y junto con el amor y la compasión podamos aplicar sistemas que nos beneficien a todos, sin renunciar a comer carne, el que aún sienta que no puede dejar de hacerlo, pero sin objetualizar esa carne, tratando al animal con respeto y comunicando con él.

Por lo tanto, lo importante es la conciencia con la que hacemos las cosas y tomamos nuestras decisiones.

De hecho, aquí aprovecho para deciros que este verano, durante la primera semana de agosto y la primera de septiembre, organizamos las tres, un retiro de conciencia natural para despertar ese hemisferio del corazón y comunicar con las conciencias de la naturaleza, para sentir esa unión con el todo y llevar un poco más de armonía a nuestras vidas.

En mi caso, elijo educar con el ejemplo. No impongo mi vegetarianismo a nadie. Mis hijos, me dicen que no pueden dejar de comerla de momento, pero cuando sean adultos y se sientan preparados, dejarán de hacerlo. Mientras tanto le he invitado, desde pequeñitos, a que agradezcan al animal que ha dado su carne para que ellos la puedan comer y crecer gracias a ella, además procuramos adquirir los productos de origen animal de crianza consciente, aunque hay pocos sitios en los que se haga una crianza ancestral de los animales respetuosa, por lo difícil que les ponen las cosas, y son productos caros por esa misma razón, pero poco a poco confío en que lo lograremos. Es muy frustrante cómo se penalizan las decisiones conscientes en esta civilización, por ejemplo, forzando precios elevados o poniendo obstáculos legales.

Por ejemplo, en casa sólo compramos huevos de granjas que crían gallinas en extensivo, donde los animales salen a picotear la hierba y ven la luz del sol, y no renunciamos al huevo porque simbólicamente es un regalo de amor. La gallina es la única hembra en la naturaleza que sigue adelante con la formación de la placenta sin el aliciente de la maternidad, es decir, que, aunque el gallo no la haya preñado, ella pone el huevo sin pollo dentro. Las demás hembras reabsorbemos los óvulos y no generamos las placentas. Luego ella deja ahí ese regalo para que lo consuma cualquiera, sin mirar a quién, ese regalo de puro amor, porque contiene en su interior el alimento de más calidad de la naturaleza, las proteínas y grasas esenciales para generar una vida. Por eso el ARQUETIPO de la gallina, del pollo y el pavo, es la generosidad, darse en cuerpo y alma.

La vaca pace en el campo prestando atención a las pequeñas cosas de la vida como la brisa fresca de la mañana, el aroma de la hierba, el calor del sol en el cuerpo, se diría que al rumiar está agradeciendo los pequeños regalos que trae el momento, está en paz en su interior, y ejemplifica la abundancia para nosotros, porque también se da mansamente para ser aprovechada, da su leche, da sus crías, es una pena que en vez de agradecer sus regalos, abusemos de ellas estabulando, inseminando cuando baja la producción de leche, y retirando a su cría para seguir  ordeñando con máquinas, encarcelando a los terneros en cebaderos, engordándolos con hormonas, y, llevándolos a la muerte irrespetuosa y angustiosa del matadero para consumir su carne, sin una pizca de agradecimiento o de compasión. Precisamente, el ARQUETIPO de la vaca es el agradecimiento y la paz interior.

El Cerdo es un animal obeso y desnudo, cuyo corazón fracasa fácilmente y su nombre siempre es usado por nosotros como un insulto, por eso el ARQUETIPO del cerdo tiene que ver con la humillación. El animal en sí es sensible y sabio, pero los humanos nos reímos de él. Habla del juego de la humillación, de la vergüenza tóxica con la que nos envenenamos los unos a los otros. Habla simbólicamente de creerse lo que dicen de uno, sin criterio, sin buscar porqué nos lo están diciendo, que seguramente sea por la inseguridad del otro, habla del juego de poleas que es la vergüenza tóxica. Y funciona así:

Si yo me comparo contigo y tú te sientes bien y yo mal, tienes algo de lo que yo creo que carezco y quiero, yo me siento abajo y tú estás arriba, pero si me burlo, te humillo, te desprecio, te critico y te afecta, tú bajas y yo subo, así me siento bien. El cerdo se cree esas críticas, al contrario que su hermano el jabalí, que está protegido con su pelo hirsuto, porque sabe quién es y no se cree el juego de la humillación, y cuando recibe una crítica o una burla primero piensa quién se lo dice y porqué se lo dice, detecta la inseguridad del otro y no deja que su juego tóxico le afecte. La carne de cerdo en muchas religiones y en todas las curas de salud se prohíbe, porque potencia la intoxicación de la culpa y la vergüenza, simbólicamente la grasa con la que nos protegemos de esos ataques.

El Cordero como ARQUETIPO es la mansedumbre, la pureza del alma inocente, muy usado en la iconografía de ciertas religiones patriarcales, pero su madre la oveja, es otro cantar: ejemplifica con su forma de vivir la vida el espíritu gregario, el imitar al grupo por el miedo al qué dirán, como los adolescentes. Todas se parecen, son indistinguibles, caminan con la cabeza baja, la mirada triste y perdida, con su balido quejumbroso, van a donde van las demás, sin criterio propio, en cambio la cabra, que acompaña al pastor en el mismo rebaño, tiene la cabeza alta y la mirada espabilada, con personalidad propia, y es distinguible por los colores de su cuerpo. Ambas hablan del buen uso y el mal uso de la voluntad, del libre albedrío, del propio poder; la oveja supedita su poder a los otros y no tiene voluntad propia porque no decide, deciden por ella, con el qué dirán que la controla, en cambio la cabra, se pregunta en su fuero interior qué quiere y decide hacerlo a pesar de lo que reciba del exterior, lo que se decide hacer, se hace, sin que le importe mucho lo que digan de ella, de hecho el pastor la compara con el mismísimo demonio, pero la cabra está cómoda mientras haga lo que su libre albedrío le dicta.

Ambos animales son símbolos muy poderosos para los sistemas de creencias que tratan de manipular, controlar e influenciar nuestro criterio y nuestras decisiones, y os propongo el ejercicio de investigar en vuestro fuero interior cuando comáis cordero o cabrito, si sois más cabra u oveja, o si al ser cordero, están abusando de vuestra bondad.

El Pato es otro animal que se come mucho en casa, por el paté y el magret de pato, y al igual que cerdo y jabalí, o cabra y oveja ejemplifican el buen uso y el mal uso, el pato y el cisne hablan de lo mismo: la elegancia. El cisne hace un buen uso y el pato simboliza el mal uso. La elegancia es la presencia, el estado de gracia, esos momentos en los que estamos alineados con el yo auténtico, en el ahora. El Cisne simboliza esa elegancia porque al nadar en el estanque es la imagen de la presencia serena y centrada, del disfrute del ahora, sin prestar atención al pasado, sus traumas y miedos, ni al futuro con la preocupación, en cambio el pato, cuya forma de andar por la tierra ha acuñado el término de patoso, es lo contrario a la elegancia, es la posición en la que nos coloca el Ego con sus miedos, sus automatismos, siempre reciclando los traumas del pasado o temeroso del futuro, sin prestar atención, de hecho, el pato es el payaso del corral, siempre llamando la atención.

Y esos son los mensajes simbólicos, o el espíritu, de los animales que nos comemos,

En mi proceso personal, fue la forma de cría intensiva irrespetuosa el motivo para no comer animales, por eso tomé mi decisión. Aunque a día de hoy, si me cocinaran un pollo criado en una granja extensiva al aire libre, alimentado de forma natural sin químicos, y matado sin sufrimiento, no volvería atrás en mi decisión porque la mantengo desde el corazón, no desde la mente, y siento que los animales son mis hermanos, pero eso sí, respetando todos los procesos, porque en última instancia, no soy quien para juzgar quien hace lo correcto y quién no, me faltan muchos datos para juzgar eso, porque no sé lo que nadie ha elegido aprender o cómo ha elegido aprenderlo, y hago esfuerzos para tolerar todas las formas de experimentar, porque al final, todo son lecciones y para volver a la armonía la vida acepta los errores, sino no tendríamos el libre albedrío. Yo sólo soy responsable de mis decisiones.

Además, los animales lo saben, saben que tener mente es un maravilloso regalo, pero también un peligro, saben que el libre albedrío existe y esperan con paciencia y amor que aprendamos a tomar las mejores decisiones desde el corazón.

Si te interesa verlo entero: está en You Tube

Si te interesa oírlo entero: también en IVOOX

Si quieres oír más programas, los puedes encontrar en esta web

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