Animales Salvajes y Caza


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Recién grabada, ya está aquí la nueva entrega de «El Amor que nos Rodea», la sección de Concha Romero del Toro en el podcast Plumas en los Bolsillos, un programa dedicado a los animales y el bien que hacen a nuestras vidas.

Con este programa hemos querido celebrar que el Lobo ya es especie protegida en España, haciendo un homenaje a los animales que viven el la naturaleza y preguntándonos porqué el ser humano vive la caza como un deporte sin conciencia. También hacemos un homenaje al gran Félix Rodríguez de la Fuente que puso mucha conciencia en el valor de la vida salvaje en un país que lo necesitaba.

el amor que nos rodea

Si te interesa comprender mejor a los animales y el amor que son, la sección «El Amor que nos rodea» está inspirada en el curso «Las 7 Leyes de los Animales»

¡Que la conciencia animal os guíe!

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En esta edición de nuestro podcast, hemos querido celebrar que el lobo legalmente deja de ser una especie cinegética en España, ya que La Comisión Estatal de Patrimonio Natural del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico aprobó el jueves 4 de febrero la inclusión de todas las poblaciones de lobo existentes en España en el listado de especies en régimen de especial protección, por lo que automáticamente deja de ser considerada como un objetivo para la caza.

En un país en el que el 86% de su territorio es coto de caza y en el que se matan a millones de animales cada año, y a unos cientos de personas en los llamados accidentes de caza, esta es una buena noticia. Además, anteponer el bienestar de esta noble especie que es el Lobo, a los intereses deportivos de los cazadores o económicos de los ganaderos, es muy valiente.

Aunque siempre me ha dejado perpleja una paradoja, y es que una y otra vez me he encontrado ejemplos de la admiración que los cazadores sienten por los animales salvajes o silvestres, tanto personas que me dicen que su padre es cazador y él siente el mismo amor que yo tengo por ellos, como fotógrafos de la naturaleza, que salen al monte con sus cámaras de fotos a retratarlos y luego los cazan, como programas o revistas de caza que ensalzan el modo de vida de cierta especie y la estudian, pero al final, algo hace que esa admiración se distorsione, o se confunda o se malinterprete porque los matan.

Le he dado vueltas y vueltas a esta contradicción, y he acabado elaborando una teoría: creo que todo gira en torno al concepto de Masculinidad de esta sociedad. La Masculinidad son las características sociales propias de los varones, un sistema de creencias que cambia según cada cultura, cada época o cada lugar geográfico, por tanto, no hay una sola masculinidad y no es algo natural, es artificial, son creencias inventadas por el hombre sobre cómo debe ser un varón.

En nuestra cultura concreta, lo que se nos inculca a hombres y mujeres sobre lo que es ser un varón suele referirse a cierta rigidez, también a no expresar las emociones, y, sobre todo, a la imposición o ver el uso de la fuerza como un poder que hay que demostrar, en el que se identifica al valiente como al que se impone desde esa fuerza, y donde el uso de la piedad o el cariño se ve como una debilidad, por lo que hay una dificultad para relacionarse con los próximos desde el cariño, pues este papel está relegado exclusivamente a la hembra. Este sistema de creencias no sólo afecta muy negativamente a las mujeres que se ven apartadas y condenadas a ser el objeto de esas imposiciones o del uso excesivo de la fuerza, sino a ellos mismos porque genera numerosas situaciones violentas y de abusos de poder que van en su contra, y acaban poco a poco endureciendo su corazón.

A esas personas que han hecho suyas estas creencias les diría que no son malas personas, sino que repiten patrones de forma inconsciente o programas automáticos de comportamiento grabados a fuego en su cerebro que la sociedad les ha inculcado, y también les diría que cuando se dice que el machismo es negativo, no se está diciendo que el varón sea malo, sólo lo es su sistema de creencias, que es algo que se puede renovar.

La cuestión es que esto, para mí, explicaría la paradoja de los cazadores. Están enamorados de lo natural, del contacto con lo salvaje y con la belleza de las formas de vida de los animales, necesitan pasear por la naturaleza y encontrarse con ellos, pero ese amor puro que nace del interior, atraviesa las capas y capas de creencias sobre cómo se maneja un varón con las emociones, o de cómo demuestra un varón el valor con la fuerza, o cómo la piedad es una debilidad, y al salir, se ha convertido en un disparo que ha acabado con la vida de eso que tanto admira, y lo han convertido en un mero trofeo. Distorsionan su amor por la naturaleza que acaba expresándose en modo mostrar su poder sobre ella y arrebatar esa vida.

Honestamente creo que se pueden buscar otras formas de expresar la masculinidad, formas más positivas, que aporten en vez de restar, y nuevamente aclaro que no estoy equiparando esos sistemas de creencias o contextos sociales sobre lo que es la masculinidad o sobre lo que es la caza, con los varones, no es un ataque personal, es que su idea sobre lo que es ser un hombre puede ser renovada y actualizada, y contemplar alternativas más positivas.

Para empezar, es más poderoso dejar vivir. Hay más fuerza en no abusar en una situación de poder que en hacer uso del poder sobre otro, sólo porque se puede. Mostrar piedad y dejar vivir es ser el más fuerte.

Mi opinión es que el buen uso de la fuerza o en este caso, el buen uso del poder que se experimenta con un arma en las manos, es el de defender o defenderse, en vez de atacar o demostrar el poder físico. En mi opinión personal, habría ya que aprender a hacer un buen uso de las armas. Como ya dije, abusar del poder de matar, que no es más que una demostración del poder sobre otro, mata también un poco de nosotros mismos cada vez, porque deteriora nuestro corazón, ya que el sufrimiento destroza a quien lo genera sin que éste se dé cuenta.

Os recomiendo nuevamente, porque ya lo hice en el 5º podcast “animales de película”, la película El Oso de Jean Jacques Annaud, una de mis preferidas de todos los tiempos, porque muestra la belleza y la fuerza que hay en dejar vivir, en no abusar de la superioridad en una situación de desventaja, y en la película, es el Oso el que le enseña esto al cazador.

En cambio, la forma ancestral de cazar, que es la forma de nuestro hemisferio del corazón, el intuitivo, que se siente unido con todo lo que le rodea, es muy respetuosa y le da un uso noble, porque conecta con la presa a nivel telepático, pide permiso, sigue el rastro con la intuición y perfecciona la forma de dar muerte para que el animal nunca sufra, y por supuesto honra después su carne, para el crecimiento del grupo que la aprovecha.

Las tribus tradicionales que mantienen abierto el canal para comunicarse con los animales, cazan así, conectando con la presa, porque los humanos somos parte de la naturaleza igual que los animales, aunque nosotros elaboremos estas creencias que nos hacen sentir que estamos mejor sin ella, no por ello dejamos de tener estas habilidades de conexión, que podemos reabrir.

A veces, seguir el rastro de un animal con la intuición se consigue sintiendo nuestro cuerpo porque nos dice por dónde ir, a veces, el camino correcto de siente más luminoso o hermoso, o algo sutil o brillante nos dice que es por ahí, a veces conectando con la huella del animal podemos recibir imágenes de ese animal, imágenes llenas de información que de repente llegan a la cabeza, y a veces aparecen lo que llaman los caminos plateados, como líneas de luz que nos indican por dónde está el animal, porque éste también es consciente de estar conectado con el cazador. De hecho, los animales lo hacen entre ellos.

Los animales aprovechan cualquier información de la naturaleza, porque están muy conectados a ella, y la saben escuchar, y ven energías sutiles que nosotros aún no podemos ver, porque sus sentidos están infinitamente más adaptados a la naturaleza que nosotros, es decir, que están en comunicación continua con el medio que los envuelve y saben de forma intuitiva donde van, tienen visiones de su ruta, como los cazadores tribales.

Además, ellos sienten que están en un cuerpo físico con los instintos de mantener la vida con el hambre y la sed, generar nueva vida con el impulso sexual, y defender la vida con el miedo automático y la adrenalina, y hacen un buen uso de sus impulsos, porque, como siempre digo, las especies predadoras sólo matan por el instinto de mantener la vida, no acaban con otra especie por placer, y una vez satisfecho el instinto, vuelven a la coexistencia pacífica con los demás seres.

Ellos no viven la muerte con el terror con el que la vivimos nosotros, ellos sienten que son como células de un organismo gigante que es la vida, con una humilde función que es importante para el todo, pero cuando su función se acaba, se van de este plano sin problemas, de modo que aceptan sin resistencias que a veces serán depredadores y a veces depredados, y es la gran inteligencia natural la que regula eso.

y por eso respetan la diversidad o los puntos de vista diferentes, respetan niveles evolutivos diferentes al suyo, no juzgan cómo han de vivir sus experiencias las demás especies, o los demás seres porque no saben qué experiencia han venido a tener, ni cuáles son sus instintos heredados, y así conviven en armonía, esa es la base de su organización social.

Pero nosotros, en la actualidad entendemos la organización social sólo desde el abuso de poder y la imposición, y puedo poner un ejemplo que implica no sólo al lobo sabio que acabamos de proteger con nuestras leyes, sino a la forma que tienen los cazadores de apoyarse en las jaurías de perros para su actividad.

La manada del lobo es toda una lección. Es una unidad social muy equilibrada, donde todos tienen su función dentro del grupo y al contrario de lo que algunos opinan, el macho alfa no somete, y los integrantes de la manada no corren ciegamente tras él a servirlo. El puesto de macho alfa lo ocupa el animal más seguro de sí mismo, de ahí los constantes retos de los segundos y terceros al líder, pues en cuanto otro demuestre ser el más adecuado, ejerce de guía. Por tanto, no hay un afán de poder, es por ocupar el lugar natural que les corresponde según el grado de seguridad en uno mismo que cada uno posee, formando la famosa pirámide social que se cumple por el bien del grupo y con auténtico respeto.

El guía tiene una responsabilidad, porque como dicen, recibir un poder, conlleva una enorme responsabilidad, y el lobo no se aprovecha de su jerarquía. Su responsabilidad es otear, inspeccionar, descubrir parajes y presas e intuir estrategias de caza. Luego vuelve al grupo y muestra sus conocimientos a los demás. El resto no lo cuestiona, no lo critica, y actúa sin buscar el mérito personal. La base es compartir el saber con la manada, no mandar lo que hacen los demás. Y todos acatan la división del trabajo, donde cada uno tiene una misión, donde nadie perjudica a nadie, y donde nadie aprende basándose en el miedo a la autoridad, sino en el bien social.

No planean la táctica de la forma en que un humano lo hace. Cada manada está conectada de una forma íntima y eficiente, y todos saben intuitivamente en cada momento lo que deben hacer. Y en esa unión el guía sabio es uno más, no el más importante sino el más intuitivo y seguro.

La diferencia con los grupos humanos actuales es que funcionamos como el cazador que ordena desde la distancia la táctica a su jauría de podencos que son fieles al amo. Todavía nos sentimos ajenos a los demás integrantes y actuamos compitiendo entre nosotros, o por agradar al jefe, o por miedo, o por nobles convicciones como lealtad o ideales, pero sin sentir en nuestro interior una auténtica unión a nuestro grupo, aunque, la energía de la jauría sí es una unión, pero al contrario que la del lobo, es desde la inconsciencia pues los individuos en la jauría se unen formando un alma de grupo, que se transforma en una fuerza que absorbe al individuo, es decir, que le impone una serie de reacciones automáticas que anulan su libre albedrío, como la energía de las muchedumbres, o la de las causas patrióticas, poco eficaz y muy destructiva, pues obedece a intereses particulares del cabecilla, no al bien del grupo.

Los animales que llamamos salvajes, realmente son expresiones de todas las posibilidades, con sus variados puntos de vista, todos en equilibrio, mostrando tantas formas de vida diferentes; sus formas corporales bellas y a veces no tan bellas, pero siempre perfectas, sus gamas de colores, y sus capacidades increíbles, como volar, o vivir bajo el agua, sus adaptaciones a medios que nos parecen inhóspitos y mortales, la variedad de cantos y sonidos que emiten, a mí me parecen belleza en su estado más puro, y que son como milagros vivientes, y que compartir el mundo con ellos es un regalo.

Los llamamos salvajes y ese adjetivo connota libertad, es decir, que no ha habido intervención humana, pero salvaje también denota ferocidad o crueldad, y mi pregunta es… ¿Quiénes son aquí realmente los salvajes? ¿Ellos o nosotros? Porque ellos no devastan los bosques, no ensucian las aguas o el aire, no masacran a especies enteras… ellos se adaptan y viven en armonía.

Siempre pongo el mismo ejemplo para explicar que cada uno de los animales tiene una misión en este plano, que no alcanzamos a comprender, pero no por ello es menos importante, y es que todos sabemos para qué sirve una cuchara, cuál es su misión, para qué fue creada y lo que significa. De igual manera cada animal ha nacido con una misión, una energía que aporta al entorno con su forma de vivir su vida, que hasta los mosquitos tienen…

Pero, nos relacionamos con ellos como sociedad, sólo a través del uso que les podemos dar, o la molestia que nos causan, porque estamos en el mundo del uso y el provecho, funcionando de un modo mecánico, por ejemplo, tratándolos como el objetivo de un deporte que es la caza, o capturándolos y manteniéndolos cautivos en nuestras casas o en un espacio reducido como un zoo para que los niños tengan experiencias de contacto asépticas y mentales con ellos, o el tema de las jaulas para pájaros porque nos gusta oír su canto… pero son formas sin corazón y sin respeto, sin colocarse en su lugar, son formas de dar un uso sin respetar su medio natural, ni su ser.

Y al igual que es más valiente dejar vivir que acabar con una vida, opino que es más intenso tener experiencias en la naturaleza donde los animales acudan a nuestro encuentro por propia voluntad, o dejar que un animal como un ave, que nació para experimentar el aire con su vuelo, pueda volar, y si nos atrae el canto de los pájaros, plantar entonces árboles cerca de nuestras ventanas, para que acudan y nos deleiten con sus sonidos en vez de mantenerlos en jaulas.

Y en este punto, me gustaría hacer un homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente, seguro que no voy a ser la única en este programa, pero me gustaría relacionarlo con la conexión salvaje, primero, porque vivimos en un país en el que tradicionalmente no ha habido un sentimiento de respeto ni admiración por los animales, a diferencia de otros, aquí los vemos como bestias molestas o como alimañas perjudiciales, somos un país al que generalmente, le falta la conciencia del valor de la vida salvaje, cosa que pude comprobar cuando estuve trabajando de veterinaria por los pueblos de España, y Félix cambió con sus programas esa tendencia y puso mucha conciencia en ella, él significó un antes y un después en este país. Y segundo, por mi experiencia personal con él. Yo ya amaba a los animales, nací con ese amor que me viene de fábrica, y como expliqué, al vivir en mi infancia en una gran ciudad no podía satisfacer esa fuerte conexión que sentía con ellos, pero teníamos la tele, y empezaron a emitir sus programas los sábados por la noche, antes de la película, que fueron para mí como un bálsamo.

Recuerdo el programa del lirón careto, y luego escribir sobre lo que había visto en el programa, porque en aquellos días ya tenía claro que iba a dedicarme profesionalmente a algo relativo a los animales. También recuerdo el programa del lobo, de cómo la gente le odia y hace batidas para acabar con él, también me puso muy triste el de la estricnina, las consecuencias de echar veneno por el campo para acabar con alguna especie que molesta y cómo, no sólo matamos a la especie de la que nos queremos deshacer, sino a un montón de especies más que van comiendo del cuerpo del muerto y acaban ellas también muertas, y también recuerdo el del águila real, que fue espectacular.

Y ya de adulta, y trabajando por esos pueblos de España, recibí un regalo. Fue en medio de una campaña de extracción de sangre de ovejas y cabras en la provincia de Cuenca. Recuerdo de esos días, levantarme por gusto a las 6 de la mañana, y ver amanecer mientras me dirigía en coche a pueblos como Cañete, Salvacañete o Zafrilla, en la serranía, y empezar con las ovejas a las 7, estar un día entero en parajes fantásticos viendo ciervos, y toros, y todo tipo de fauna a mi alrededor. Lo disfruté mucho, aunque fue un trabajo duro, pero agradecía cada momento, y un día el universo me dio un regalo. Un ganadero de Salvacañete que tenía pocas ovejas, unas 200, y acabamos pronto, me invitó a almorzar a su casa y al acabar, charlando, me enseñó un libro con la imagen de Félix en la portada y con la firma de Félix en la primera página, una firma en rotulador negro, enorme, que irradiaba una fuerte personalidad, y me explicó que él estuvo trabajando de joven en su proyecto con los lobos, pero que al morir él todo se disolvió, todo se perdió, y lo decía con una enorme tristeza. Tristeza que comparto, porque, aunque hizo mucho, este sería un país diferente si él continuara vivo, porque lo estaba consiguiendo. Y esa vez fue lo más cerca que he estado nunca de Félix, y como digo, fue un auténtico regalo.

Y esa es, para mí, la conexión salvaje, la conciencia que puso Félix de que compartimos el planeta con otras formas de vida, otras expresiones de cómo puede ser ésta vivida, tan inteligentes y sabias o más, que la nuestra, y que podemos dejar espacio para que la desarrollen, podemos abrir nuestro corazón y sentir respeto y admiración por los animales salvajes, pues cada vez que una especie se extingue, provocada por nuestro estilo de vida inconsciente y que se siente separado, perdemos sin darnos cuenta, algo de nosotros mismos.

Creo que hace tiempo que la tierra prepara nuestra extinción, motivos no le faltan, y además podría hacerlo de muchas formas, porque se lo estamos poniendo muy fácil, pero creo también que lo está retrasando porque cada vez somos más los que hemos abierto nuestro corazón y la amamos, cada vez somos más los que abrimos nuestro hemisferio derecho y nos conectamos a ella, cada vez somos más los que estamos presentes y sentimos el amor que nos rodea.

Si te interesa verlo entero: está en You Tube

Si quieres oír más programas, los puedes encontrar en esta web

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