La familia crece


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La 10º entrega de «El Amor que nos Rodea», la sección de Concha Romero del Toro en el podcast Plumas en los Bolsillos, un programa dedicado a los animales y el bien que hacen a nuestras vidas.

El Título: La familia crece un programa en el que abordamos el tema de la llegada de un nuevo miembro al clan familiar interespecie, tanto humano como de cuatro patas.

el amor que nos rodea

¡Que la conciencia animal te guíe!

Si te interesa comprender mejor a los animales y el amor que son, la sección «El Amor que nos rodea» está inspirada en el curso «Las 7 Leyes de los Animales»

Por si eres más de leer:

Como veterinaria que soy, me gustaría empezar por ponerme en el caso de que el nuevo miembro que llega al clan familiar sea un animal y luego abordaré el caso contrario:

Cuando el que llega es un perro, porque nos planteamos comprar uno en un criadero o en una tienda…

Hay que tener en cuenta, que hay un momento para hacerlo: el cachorro nace sordo y ciego, y las dos primeras semanas de vida se guía por el calor y el olfato y sobrevive gracias a que la madre lame sus mamas y él acude reptando a ellas, además no regula su temperatura corporal y depende de su calor, es muy dependiente de la madre. Por lo que, si adoptamos un cachorro en esta etapa, es fundamental una fuente de calor y leche maternizada adecuada para perros, que contiene mucho menos azúcar que la leche de vaca. Y un detalle: el animal posee el reflejo perineal; es decir, él excreta las heces y la orina cuando la madre lame su zona caudal, por lo que es conveniente pasar un algodón levemente humedecido con agua calentita por esa zona para que orine y defeque.

Su sistema nervioso está aún sin mielinizar y por ello es lento reaccionando a los estímulos, aunque en esta etapa madura en cierta forma el control del pánico y por ello es aconsejable tocarlo y estimularlo, aunque levemente, eso sí, si la madre no está y es estimulado en exceso puede desarrollar una fobia, así que en esta etapa la falta de la madre puede provocar perros problemáticos y con inestabilidad emocional, por eso nunca es aconsejable adoptar un animal tan joven.

Durante la tercera semana hay un primer despertar o transición, pero aún no es el momento de adoptarlo. El cachorro abre los ojos y percibe la luz y el movimiento. Ya siente el dolor y oye, aunque no con claridad. Desaparece el reflejo labial pero ya reconoce a la madre y alejarlo de ella es desastroso para su equilibrio. Aquí inicia la exploración y el juego, y no se prohíbe relacionarse con él, aunque no es aconsejable.

Pero, la cuarta semana de vida: Es la más conflictiva; en ella la madre le hace lo que se conoce como “imprinting”, “impregnación” o “troquelado”. Es decir, le enseña a ser un perro, y que acabe siendo un adulto estable y equilibrado depende de lo bien que salga esta fase. Sencillamente consiste en que el perro por fin tiene el sistema nervioso conectado y es extremadamente sensible. Ve y oye perfectamente y su memoria graba todo en su “disco duro”, por tanto, no sólo la madre le enseña a ser perro, sino que cualquier estrés le deja traumatizado y podría acabar siendo un animal problemático. A partir del inicio de la cuarta semana debería estar prohibido que tuviera contacto con nadie más que con su madre y hermanos, tan sólo debería poner la comida el cuidador con discreción.

Como digo, esta semana, la cuarta, así como también la quinta, sexta y séptima es la etapa de socialización canina. En ella aprende que es un perro y sin ella tendrá crisis de identidad de adulto y no se relacionará correctamente con los demás perros, será el típico animal que se pelea en el parque con otros perros, porque en estas semanas aprende acerca de jerarquía y respeto. Si el perro no pasa estas semanas con su madre y sus hermanos, no entenderá el lenguaje de su especie y creerá que es humano, lo que a veces no es un problema, dependiendo de la clase de vida que le espera con la familia, pero nunca se aconseja adoptarlo durante este periodo.

A partir de la octava semana, es decir más o menos a los dos meses, por fin, se inicia la socialización humana. A lo largo de ella ya es el momento adecuado para adquirirlo o adoptarlo.

En los primeros momentos de llegada al nuevo núcleo familiar, él graba su nueva rutina futura: el tipo de casa donde va a vivir, con quien se tiene que relacionar, los hábitos de higiene, los ruidos de la calle o el tipo de trabajo que se le pide como perro, bien sea compañía, o defensa, o para caza, pastoreo etc.… Es importante hacer una bienvenida, es decir, a la llegada, sentarse todos los miembros del clan en el suelo, a su altura, y dejar que el animal nos huela y nos conozca.

Esta fase de aprendizaje dura hasta los 6 meses en realidad, pero la 8º semana es la más importante. Si en esta etapa no le enseñamos con firmeza sus nuevos hábitos porque es pequeñito y nos da pena, cuando queramos enseñarle de mayor será tarde. De hecho, a partir del 4º mes inicia un periodo equiparable a la adolescencia humana donde es gamberro y nos reta porque busca su estatus en el núcleo familiar, sobre todo si es de una raza muy jerárquica como los terrier, porque busca dominar y suele no hacer caso y dar algún que otro mordisco: si no hemos sido firmes, el perro se nos puede apoderar (aquí tengo que matizar, que firmeza no es castigo humillante, es poner unos buenos límites con amor).

Esto es la teoría, luego cada caso es un mundo, porque hay miles de formas de iniciar la convivencia con un perro, puede pasar que llegue a nuestras vidas gracias al azar, no porque lo compramos a un criador o en una tienda:

Tenemos que saber, que ellos llegan siempre con una misión de amor muy concreta y no debemos resistirnos, porque los encuentros casuales, el azar o las coincidencias, todos sabemos que al final no lo son…

Como hemos dicho numerosas veces, la inteligencia tiene múltiples lenguajes, no sólo el mental con las palabras tan nuestro, sino que también hay inteligencias del corazón que nosotros albergamos en el hemisferio derecho y son las inteligencias que compartimos con los animales, es decir, son otros niveles de conciencia accesibles cuando abrimos nuestro corazón con la voluntad de compartir, y silenciamos la mente con una buena meditación o una relajación.

Hay que tener en cuenta que ellos funcionan con esa inteligencia que les hace estar en comunión continua con lo que les rodea, ellos buscan qué amar en cada objeto, cada persona, o cada parte de la naturaleza, y buscan señales a su alrededor, porque el corazón también escucha, recordemos que la conciencia del corazón funciona con la intuición, la inspiración, la unión y la telepatía, que son los lenguajes que ellos usan.

Por eso, ellos están en contacto íntimo con su propósito vital, en contacto con visiones claras de cuál es su ruta, de a dónde la vida les espera, y también hemos de recordar, que el animal que se acerca al hombre ha iniciado su diferenciación del alma grupal de su especie, por tanto inicia su individualidad, se hace responsable de sí mismo, inicia la voluntad autónoma, es decir, nace un atisbo de ego o personalidad, por tanto inician su propio camino evolutivo, y todo esto lo digo para que entendamos que un perro, busca las experiencias que le aguardan para aprender a expandir su conciencia igual que nosotros, pero más conectado con la vida que nosotros, mejor conectado con el misterio, con lo intangible, y estas experiencias tienen que ver con compartir con nosotros, por tanto ellos nos dan mucho y también reciben de nosotros, porque también evolucionan y crecen.

Todo este rollo lo he soltado para entender que cuando un animal acude a nosotros, ha leído perfectamente su destino y sabe mejor que nosotros, que la vida le pide estar a nuestro lado.

En general, ellos acuden a nuestras vidas a ayudar con nuestro problema humano de falta de amor, o de falta de humildad por creernos más inteligentes, quizás vienen a nuestra vida para evitar que nuestro corazón se seque del todo y deje de manar la luz de él completamente. Es difícil que lo admitamos como humanidad, pero ellos nos asisten en múltiples formas, como, por ejemplo, recogen el sufrimiento físico destinado a nosotros, por nuestros pensamientos y nuestra oscuridad, para que no padezcamos las consecuencias físicas. Y lo hacen sólo por amor. También toman un poco de nuestra tristeza o del peso que cargamos, y lo absorben haciéndonos de espejo para que veamos lo que no podemos ver de nosotros mismos, de ahí los comportamientos a nuestros ojos incomprensibles o las extrañas enfermedades que padecen, de todo esto ya hemos hablado en otros programas.

Cuando daba clases tuve un alumno, gran enamorado de los animales, como todos, que estaba tratando de convencer a su familia para tener un perro. La madre era la gran opositora, porque los perros dan faena y ella no quería acabar ocupándose de todo. En una ocasión coincidí con la madre y me contó que finalmente adoptaron a un cachorrito de bóxer blanco porque ella tuvo un sueño en el que el animal se le presentó y le dijo que él venía con una misión para su familia muy concreta y que no se resistiera… ¡Hay más gente conectada de la que parece!

Ya que ha salido el tema, todos los que tenemos animales sabemos que dan mucha faena, y que siempre acaba ocupándose de ellos la misma persona, la cuidadora del grupo familiar o la que más conciencia tiene, que son justamente los que en un principio se oponen a aumentar la familia con un compañero animal, porque saben que por muchas promesas que hagan los demás, acabarán siendo ellos los más responsables, pero también sabemos, que una vez el animal comparte nuestras vidas, la cantidad de amor y beneficios emocionales que obtenemos a cambio, supera con creces las molestias de sus cuidados.

Además, hay otros beneficios de tener un perro en la familia, de los que ya hablamos en otros programas, como la protección o hasta incluso el empoderamiento, como en el caso del proyecto Pepo, los perros para defensa personal de mujeres en riesgo de violencia de género, o el servicio y el amor de Endall el perro condecorado, por los cuidados que dio a Allen el militar en silla de ruedas y que, por cierto, también es un ejemplo de encuentro “casual” bajo nuestro punto de vista, o de animal conectado con la vida buscando su destino, bajo el punto de vista de ellos.

Por otro lado, cuando el que llega a nuestro hogar es un gato… La cosa cambia sutilmente: así como el perro simboliza y expresa más el amor y la lealtad, el gato es más psíquico, el contacto con lo inmaterial forma parte de su cotidiano, el gato sabe curarse de los sufrimientos que absorbe de nosotros a través de su saliva, el gato ve el mundo desde una perspectiva muy elevada y por eso no cae en sus trampas, que son todas las resistencias, y viene a ayudarnos con nuestras caídas en esas trampas, por amor, y nos cede un poco del contenido de su enorme corazón.

El Gato es un ser tan evolucionado, que se maneja él sólo, en sus planos de conciencia y no necesita grandes cuidados. Por lo general, como digo, hace un trabajo energético en nuestras vidas.

Ambos Perro y Gato, nos escogen, no nosotros a ellos, y ambos son maestros sanadores, porque encarnan el amor incondicional. Son maestros que nos recuerdan diariamente, y no me cansaré de repetirlo, que somos amor, y dignos de ser amados, que venimos a este plano a aprenderlo y ellos son nuestros maestros.

Ambos ven nuestra coraza, ven lo difícil que es tener Ego, juicio y mente, que nos hace comportarnos de formas alejadas del amor, pero también ven nuestro Ser Auténtico debajo de esas capas, nuestra luz, quien realmente somos.

Pero el gato va más allá: su mensaje como arquetipo es la escucha atenta y centrada en el otro, no por responder algo ingenioso o por llamar la atención, sino por comprender, por poner al otro en nuestra conciencia y entender completamente su punto de vista, aunque sea opuesto al nuestro.

Y su trabajo con la energía tiene que ver con esa atención enfocada:

Nuestra energía vibra a una determinada frecuencia por los pensamientos que emitimos, por cómo tratamos con nuestras emociones, y por nuestro nivel de maduración en el camino vital, y puede estar alta o baja, sin embargo, la del gato es estable, de ahí su atención enfocada, su escucha activa, y por eso están más conectados y atraen niveles vibratorios positivos.

Se dice, que los egipcios observaron su campo energético y el poder que emanaba su aura, extendida mucho más allá de ellos y fueron los primeros que usaron esa fuerza vibratoria como protección energética.

Como compañero, el poderoso campo energético del gato armoniza con el nuestro mientras dormimos para hacer su trabajo energético de limpieza, así colaboran en nuestra restauración física y sanación durante el sueño. Por eso ellos duermen pegados a nuestro cuerpo. Cuando ellos duermen por el día, o a través de la saliva, liberan esa carga de negatividad que han limpiado en nosotros de noche.

Aunque también les disgusta que se les trate como a un objeto, sin el respeto que merecen, por ejemplo, usarlos para limpiar energéticamente los hogares y atraer buenas vibraciones, como si fueran amuletos y no seres sintientes completos.

Pero, vamos ya con el ejemplo contrario: cuando el nuevo miembro que llega a la familia es un bebé:

Así como cuando el que llega es un cachorrito haremos una bienvenida para que el recién llegado nos conozca y nos grabe, y se sienta acogido y parte importante de su nuevo clan, cuando llega un nuevo miembro humano a formar parte del clan, hay que hacer también una bienvenida en la que participe el animal para que lo acepte en el grupo. Es muy importante nuestra intención emocional al presentarle al nuevo bebé, que debe ser de confianza, y de aceptación, porque ellos nos leen emocionalmente como libros abiertos, si hay dudas, o temores, o emociones que hagan que el animal sienta que molesta, no aceptará al nuevo miembro con amor, sino con recelo, y empezarán los problemas.

Lo que marca siempre la diferencia es si la familia que convive con el animal lo ve como un objeto, es decir, tiene un uso, o lo ve como lo que es, un ser sintiente lleno de amor con los mismos derechos, una relación entre iguales que nos aporta y a la que también nosotros aportamos.

Por ejemplo, si lo vemos sólo como un juguete para los niños, un objeto que puede guardarse en el garaje cuando molesta y que no tiene sus propias necesidades, o, por ejemplo, tratar al animal en casa como a un hijo sustituto, como si no tuviera sus propios instintos animales y fuera nuestro bebé.

También hay quien tiene reticencias a la hora de dejar que los animales se acerquen a los bebés por causas de higiene. Hay quien se opone al contacto entre los bebés y los compañeros animales, por la protección contra las enfermedades.

En este punto como veterinaria tengo que decir que habría que hacer un sano cambio de perspectiva con respecto a bacterias y virus, porque no son bichos malos o seres amenazantes que nos atacan, sino que ellos están mezclados entre nosotros y somos nosotros los que no ponemos sólidas defensas contra ellos, por lo que estar en contacto con todo lo que nos rodea, sin ansiedad, favorece una buena base de anticuerpos con la que protegernos, un fuerte escudo para no enfermar, que es bueno.

De hecho, habría que prestar atención a qué es lo que nos baja esas defensas, es decir, porqué permitimos que se multipliquen en nosotros hasta causar la enfermedad, y suele tener que ver con emitir pensamientos catastrofistas, fruto del miedo y emociones de frecuencia baja como la culpa, la vergüenza, la tristeza, o la ira. Es decir, que quizás somos responsables inconscientes de nuestras dolencias, por no observar la calidad de lo que pensamos y cómo manejamos lo que sentimos.

Hay que tener en cuenta que los microorganismos del animal, ya forman parte de los del grupo, por lo que permitir que un perro o un gato estén cerca del bebé lo inmuniza porque lo pone en contacto con más información para hacerse fuerte y resistente, salvo el caso concreto de niños alérgicos, aunque mi opinión personal, y repito esto es sólo una opinión personal, es que no hay que retirar completamente el alérgeno del alérgico, para que su sistema inmune aprenda a convivir con la irritación y se module sólo y se regule a la larga.

También gracias a la compañía de perros y gatos, los niños obtienen enormes  beneficios emocionales y psicológicos: aprenden el valor de la vida y la responsabilidad, a aceptar a los animales como iguales, porque aprenden respeto, solidaridad y sensibilidad hacia ellos, les estimula a hacer ejercicio y moverse, en una época tan necesaria con la televisión y las pantallas en general, llenan de risas y de amor de calidad su vida, sobre todo en infancias carentes de ello por causas ajenas al niño, les ayuda a sentirse protegidos y a salvo, y a vivir los valores de la amistad y a poner límites sanos.

Lo importante es confiar en que siempre tenemos dentro las herramientas para sanar, amarnos y amar la vida, y controlar la ansiedad con pensamientos positivos, porque los animales leen todas nuestras emociones y, además, porque si no, impedimos la experiencia completa de sentir el amor que nos rodea.

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