Protectoras y Santuarios


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Os comparto la nueva entrega de «El Amor que nos Rodea», la sección de Concha Romero del Toro en el podcast Plumas en los Bolsillos, un programa dedicado a los animales y el bien que hacen a nuestras vidas.

En esta ocasión Protectoras y Santuarios, el 16º podcast en el que profundizamos en el tema de las perreras, los refugios, las protectoras y los santuarios animales.

el amor que nos rodea

¡Que la conciencia animal os guíe!

Por si eres más de leer:

En estos momentos, la sociedad conoce tres tipos de entes, públicos o privados que recogen animales con fines similares, pero con distintos grados de conciencia; y son: las perreras municipales, las protectoras y los santuarios, así que en esta sección vamos a verlos uno por uno:

El menos consciente es la perrera municipal que es un ente público, y que es el menos evolucionado porque es un lugar muy mental, sin corazón, que sostiene la creencia de que un animal que circula solitario es un objeto molesto y peligroso que debe retirarse de la calle, con lo que queda implícito que la ciudad o lo urbanizado pertenece sólo al ámbito del humano y no a la naturaleza, por tanto, en una ciudad ningún animal o ser natural es bienvenido, tan sólo se permiten si guardan un determinado orden, como en un jardín en el caso de lo vegetal o si no molestan mucho, como un gorrión, en el caso de lo animal. En las perreras hay una obligación de retirar al animal llamado vagabundo, y si nadie lo reclama en un plazo conveniente, se elimina. Por tanto, mecánico, mental, egótico: y digo egótico porque hay una separación, hay una incapacidad para ver más allá de uno mismo o ponerse en el lugar de las demás partes de la naturaleza, y como he dicho antes, y siempre según mi opinión, sin corazón.

Un paso intermedio es la protectora que es una asociación o fundación particular que nace con más corazón, y recoge cuanto puede siempre dependiendo de la capacidad de la que dispone, pero no está obligada, es altruista, y se preocupa por el bienestar de los animales que recoge. En ella hay más conciencia, pero aún lleva implícita la creencia de que en la ciudad no están permitidos los animales y la vegetación, porque es un ámbito humano, sin embargo, su misión no sería retirar al objeto molesto, sino más bien protegerlo de la frialdad del humano, o de su modo de vida separado de lo natural, ya que corre el peligro de ser eliminado o perjudicado de alguna manera.

Por tanto, nace aquí un “saber ponerse en el lugar del ser sintiente” y una preocupación por su destino. Pero hay muchos tipos de protectoras, tantas como grados de conciencia se hayan alcanzado al ser fundadas, por ejemplo, las hay que todavía usan la eutanasia cuando un animal se convierte en un problema, y también las hay que realizan su labor con cierta piedad o por lástima, y sabemos que en la piedad va implícita la noción de superioridad e inferioridad. En cambio, las protectoras fundadas sobre la compasión, es decir, el saber ponerse en el lugar de otro ser, empatizar con su sufrimiento y detenerlo, permitiendo que ese ser se rehabilite y viva en un entorno saludable rodeado de amor y atenciones, y pueda desarrollar su forma de vida sin impedimentos, en la medida de lo posible, es el grado más consciente de protectora, porque bajo mi punto de vista, la protectora es una transición hacia el santuario, que es la fórmula más evolucionada de las 3.

Mi opinión personal es que los animales (al vivir con el corazón abierto, sin emitir juicios ni creencias, y por tanto al no mentir y ser auténticos), quizás sienten más compasión por nosotros que nosotros por ellos, porque quizás ven cómo estamos atrapados en una red de desprecio e ignorancia, ellos ven lo ciegos que estamos al no poder ver al otro, ni ponernos en su lugar, algo que los animales sí hacen porque se sienten unidos a todo lo que les rodea.

Por suerte, cada vez hay más clases de protectoras dotadas de más conciencia y también de más espacio, no necesariamente en los ámbitos humanos como pueblos o ciudades, sino en la naturaleza, donde se acoge, cuida, rehabilita y busca un buen hogar a los animales que se encuentra, y cada vez con más amor y conciencia.

Pero luego está el 3º tipo: el santuario que es un paso más allá de conciencia: es el corazón en su máxima expresión, pues nace con el deseo de rehabilitar a los animales de producción que han sido tratados como objetos, abusados y explotados en esos campos de concentración que llamamos granjas industriales.

Os invito a que busquéis las fotos de los animales de los santuarios, (yo el que sigo con más admiración es La Fundación Santuario Gaia de Camprodón Girona), en esas fotos se constata que animales considerados por la sociedad en general como estúpidos, como cerdos, vacas, gallinas, ovejas, cabras… en un entorno de amor les cambia la cara, y se puede comparar el semblante de un animal encerrado en su cubículo en una granja industrial, semblante que tenemos normalizado y consideramos que los define, con el semblante feliz del que vive en el santuario, para romper la creencia de que son estúpidos objetos, inferiores y aprovechables.

Todos sabemos lo que es una granja, un local en el que mantener prisioneros a los considerados objetos de producción y en el que se invierte el mínimo posible para sacar el máximo beneficio, pero a nivel energético, una granja se percibe rodeada de una especie de nube gris, que repele, porque despide olor a sufrimiento, y eso es porque toda emoción deja una huella etérica, una energía, o un sello, como queráis llamarlo, que tiñe el lugar y genera un ambiente, algo muy sutil que el alma capta inconscientemente, como un eco del pasado o como los fantasmas que nos visitan. Son muchos los sitios que conservan estas huellas.

La sensación física que yo tenía al visitar esos centros o también los mataderos, era como si se me encogiera el corazón, o se me cerrara de golpe, como una angustia. Bajo el olor a heces, notaba ese olor a sufrimiento que literalmente me dolía en el corazón.

Imaginad la nube gris de una granja industrial con gallinas hacinadas en espacios mínimos, tan reducidos que no pueden ni moverse, y les resulta tan estresante, que se picotean entre ellas, las 4 gallinas que comparten la jaula de una, se picotean y se arrancan las plumas entre ellas por desesperación, pero entonces se les cortan los picos. Allí están tan angustiadas que abandonan sus cuerpos para insensibilizarse, que se dejan morir, padeciendo cantidades ingentes de miedo, angustia y frustración por la vida miserable y la posterior muerte mecánica que padecen en los mataderos…

los humanos sabemos muy bien cómo matar el amor…

así que energéticamente, esas granjas, igual que los campos de concentración durante nuestras guerras, permanecen envenenadas por mucho tiempo, por todas las conciencias que allí sufren, y todo eso, los animales lo perciben mucho mejor que nosotros, tienen el sentido del olfato y del oído mucho más desarrollados que nosotros y perciben lo sutil mucho mejor que nosotros. 

Hay que tener en cuenta que los animales buscan en cada lugar y en cada ser, un rastro de amor, pues la conciencia animal sabe muy bien leer esas energías, es decir, saben que todo lugar y ser tiene conciencia, ellos, como digo, perciben más que nosotros, no sólo el olfato, también vibraciones sutiles, y eso lo escucha el corazón, pues el olor es más que partículas químicas que la nariz sabe leer, también es energía. Por el contrario, las personas vivimos en la mente, en el hacer, no suele haber amor, destinamos al amor unos momentos, durante los enamoramientos y lo separamos de la vida ordinaria, somos más mecánicos, vivimos en el mundo de lo útil, pero el animal busca qué amar…

y nos extraña que la mayoría de animales huyan de nosotros.

Pero, en un santuario, se recoge a los supervivientes de esos campos de concentración o a los defectuosos de las granjas que el dueño descarta para no perder dinero… y una vez allí, se limitan a estar con ellos, los tratan como los seres sensibles que son, permiten que desarrollen su vida sabia en un espacio que está delimitado al contrario que el de una granja, no para que escapen sino para protegerlos del mundo que hemos creado con nuestra mente.

Mi opinión personal es que si los animales no fueran puro amor, se resistirían a ser tratados como son tratados en las granjas intensivas, nosotros nos creemos que ellos aguantan ese sufrimiento porque son estúpidos, o porque son inferiores o porque son como los muebles, no sienten, pero quizás aguantan por amor, porque saben que todo tiene un porqué y quizás el por qué elevado de tanta falta de amor sea que hemos de despertar al hecho de que nuestro ego nos lleva a no ponernos en el lugar de las demás partes de la naturaleza, y hemos de quitarle su poder y aprender a amar y venerar lo que nos rodea, tanta belleza que nos rodea.

Como digo, nosotros tomamos por servilismo la actitud de esos animales, pero como dije en anteriores programas, no deja de ser una forma de acercamiento voluntario a nosotros para iniciar su camino evolutivo, de individuación, el inicio de su primer esbozo de Ego, por tanto, tenemos con ellos una responsabilidad tremenda de la que estamos abusando sin misericordia.

En el pasado, como humanos, sí veíamos, y nos sentíamos uno con lo natural, había conciencia de que los animales tenían un espíritu igual al nuestro, y el humano en sueños o en estados alterados de conciencia consultaba a los animales, de hecho, mediante encuentros se recibían mensajes que el humano sabía interpretar porque tenía despierto el lenguaje de los símbolos, y sabíamos perfectamente que cada animal encarnaba cualidades del espíritu que se recibían como digo, en forma de mensajes.

En esa época no había deseo de dominar ni sacar un provecho, había respeto y la sensación de igual a igual, después, desarrollamos lo mental, el córtex cerebral empezó su evolución y eclipsó las facultades espirituales, nació la palabra y se abandonó el lenguaje del corazón, nació el juicio y se empezaron a elaborar las creencias de lo que es el mundo, que nos hizo vivir con la sensación de separación y soledad.  Por un lado, nosotros y por otro el universo que se empezó a percibir hostil en vez de benigno, a fuerza de proyectar la propia sensación de separación. Nació el mundo del provecho, del abuso, de la carne como alimento y, a la recién estrenada agricultura, le siguió la ganadería, la estabulación, una forma de esclavitud, que implica inferioridad, y abuso. 

Pero ciertos animales estuvieron de acuerdo y lo consideraron una colaboración, ellos iniciaban un camino hacia la individuación gracias a nuestra cercanía y nosotros sacábamos provecho de sus huevos, su leche, su carne… Como sabéis, soy vegetariana, pero no juzgo a quien se ha alimentado, se alimenta o se alimentará de carne, huevos o leche, porque no me siento moralmente superior a nadie, todos estamos en proceso y las maduraciones requieren sus tiempos, personalmente prefiero predicar con el ejemplo y no acusando a los demás, de hecho, los santuarios educan en el Veganismo, sin acusar a nadie, sencillamente mostrando lo sensibles y dignos de amor y respeto que son todos los animales.

Pero sí quiero resaltar que en la actualidad el nivel de crueldad en la producción animal ha mutado. Ahora ya no estabulamos para sacar un provecho familiar, ya no hay relación de cercanía, ahora es un tema industrial, de beneficio económico de una empresa, por lo que el consumidor ya no está en contacto con el animal del que se aprovecha, lo que objetualiza todavía más esa carne y la estabulación no tiene en cuenta ningún bienestar, tan sólo una baja inversión para aumentar el beneficio. Todo mecánico, nada corazón.

Estamos atascados en nuestros sistemas de creencias, en nuestros propios pensamientos de cómo es el mundo y lo que merecemos de él. Por eso hace falta mucha humildad y sencillez para volver a aprender a escuchar, a ver y a hablar. Los animales lo saben, saben que nuestro Ego es sólo es una coraza que no nos deja ver, y que escondido en el interior está ese ser sabio que somos, que guarda nuestro corazón intacto. Corazón que sí mantienen abierto nuestros compañeros animales y por eso pueden ser nuestros maestros, nuestros guías para volver a sintonizar con las ondas del universo y volver a sentir que somos parte de él, porque reaprender a amar a los animales es lo mismo que reaprender a amarnos a nosotros.

Ya sabéis que creo que todo ha tenido su porqué, que esta etapa ha tenido su porqué, pero ya está obsoleta, ya hemos aprendido de ella todo lo que nos podía enseñar, ahora hay que trascenderla y volver a abrir nuestras capacidades del corazón combinándolas con las de la mente, un corazón abierto calentando la fría mente, pero también el pensamiento enfriando las pasiones. Pues, aunque hayamos sido los generadores de tanto sufrimiento, también podemos ser los liberadores.

Durante esta etapa decidimos olvidar un conocimiento, el del corazón, para poder experimentar el otro, el mental o del Ego que nos confunde con sus creencias y magnifica los miedos, pero también es el Ego el que nos permite crecer en cuanto nos conectamos al observador consciente, el que es capaz de vernos a nosotros mismos en 3º persona, con perspectiva y le quita el poder al cúmulo de creencias y juicios y miedos del falso yo que es ese ego, y constatamos que nuestro conocimiento pasado sigue vivo en nosotros.

Porque hoy en día, como siempre decimos en nuestros programas, se está abriendo poco a poco la puerta de las habilidades del hemisferio derecho o los lenguajes del corazón, y cada vez hay más de entre nosotros que comunicamos con nuestros animales, recuperando la capacidad de hace miles y miles de años, cuando humanos y animales compartíamos los mismos lenguajes y nos comunicábamos fluidamente como atestiguan tantas tribus y culturas ancestrales que aún siguen vivas.

Tenemos la capacidad de elegir si preferimos la amnesia o la lucidez.

Opino que, como humanidad, al querer dominar el mundo nos hemos dañado a nosotros mismos, por la necesidad de destruir, por la rabia que nos habita, y no nos elevaremos mientras sigamos rebajando a otros, tanto animales como humanos, y no es a esos otros a los que dañamos, es a nosotros mismos. Abusar del poder de matar, que no es más que el poder sobre otro, mata también un poco de nosotros mismos cada vez, porque deteriora nuestro corazón, porque el sufrimiento destroza a quien lo genera sin que éste se dé cuenta.

Queríamos demostrarnos a nosotros mismos que teníamos poder sobre otros, el poder de esclavizar, eso está ya demostrado, lo tenemos, y lo hemos hecho a conciencia, ahora hemos de ser conscientes de la trampa o la cárcel mental que supone ese afán y deshacer lo andado, rescatarnos a nosotros mismos de esta locura y es con el amor, empezando por evocar la sensación de amor en nosotros, porque hace florecer una inteligencia que ahora empezamos a descubrir, que tiene su propio lenguaje, el lenguaje del corazón, que incluye los símbolos, la telepatía, las visiones, el descubrimiento de nuevos mundos sutiles con mucha información, los mundos en los que los animales nos esperan con su corazón abierto.

Como dije en el anterior programa, ellos nos están observando y esperan una señal de amor verdadero por nuestra parte, que inicie el crecimiento en común y una nueva era de evolución en armonía de nuevo con lo natural, y todos los pequeños gestos que hacemos de amor por ellos, como crear o apoyar a los santuarios y protectoras conscientes, que parece que son insignificantes y se diluyen entre el resto de nuestras acciones inconscientes del día a día, en realidad son gestos energéticos, por eso son tan valiosos, porque suben la frecuencia vibratoria de la humanidad en su conjunto…

Y según la teoría de campos mórficos de Rupert Sheldrake y la teoría del centésimo mono (que como ya dije, argumenta que en cuanto un número significativo de individuos de una especie aprenden una nueva habilidad, ésta se extiende a toda la conciencia grupal de la especie gracias a los campos mórficos, a pesar de las distancias)… en cuanto un número suficiente de nosotros abra su corazón y tenga esas muestras de amor incondicional y de puro respeto por los animales, esta energía de amor se incorporará a nuestra conciencia como humanidad, abriremos en conjunto nuestro corazón y dejaremos el sufrimiento como motor de nuestra evolución conjunta. 

        

Si te interesa verlo entero: está en You Tube

Si te interesa oírlo entero: también en IVOOX

Si quieres oír más programas, los puedes encontrar en esta web

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