Palabra de Árbol


Los animales me hablan » Arquetipos Animales » Palabra de Árbol

Comparto la nueva entrega de «El Amor que nos Rodea», la sección de Concha Romero del Toro en el podcast Plumas en los Bolsillos, un programa dedicado a los animales y el bien que hacen a nuestras vidas.

En esta ocasión un tema diferente, la conciencia vegetal, la inteligencia y sabiduría de los árboles y plantas, conciencias con sus propios lenguajes que ahora comienzan a ser descubiertas.

el amor que nos rodea

¡Que la conciencia vegetal os guíe!

Por si eres más de leer:

Si buscamos el día del Árbol en internet encontraremos fechas para todos los gustos, pues varía mucho; en España según comunidades autónomas y en el mundo según los países. Nosotras hemos decidido celebrarlo por estas fechas, porque según el ciclo natural, la luz y el calor inician su retorno, y los árboles empiezan a volver de su letargo.

El día del árbol se plantea para concienciar acerca de su importancia, pero desde la distancia, desde, un poco, la piedad y la magnanimidad, desde la creencia de que el planeta nos pertenece, pero estos seres son dignos de ser cuidados por nosotros, y deberíamos permitir que lo pueblen junto a nosotros. Lo primero que quisiera es que recordáramos que son seres más ancianos e infinitamente más sabios que nosotros, que nos permiten vivir gracias al oxígeno, compactan la tierra firme para que podamos vivir en ella y favorecen los ecosistemas de mil maneras para que la diversidad conviva a nuestro alrededor.

Hay discursos acerca de la necesidad de preservarlos en los que queda implícita la creencia de que somos el centro del mundo… y deberíamos empezar a ser más humildes. Para empezar, somos una especie muy joven comparada con la vegetación del planeta, que lo habita desde hace 385 millones de años y más los árboles que son muy longevos.

Los árboles se encuentran entre los seres vivos más antiguos del planeta, se cree que el organismo vivo más antiguo conocido hoy por hoy, son las raíces de una pícea en Suecia a la que llaman old tjkko pero se pronuncia old teó, que tiene 9.500 años, aunque su tronco apenas tiene unos cientos de años de edad (por temas de su forma de reproducción que es el clonado vegetal), por lo que esas raíces habrían nacido durante la última edad de hielo, y todavía están ahí siendo testigos de miles de ciclos de vida o lo que es lo mismo, miles de vueltas al sol. Pero el árbol no clonado conocido más milenario del planeta está en california, cerca del Yosemite en el parque nacional de Yellowstone, es un pino de la familia de los pinus longaeva cuyo tronco tiene más de 4.800 años, y eso lo hace tan antiguo como las primeras civilizaciones documentadas de la humanidad.

Así que, me gustaría contribuir en esta sección, a que cambiáramos el chip sobre las creencias que tenemos de los árboles, y los viéramos como el fundamento o la base sobre la que se construye la vida en el planeta y sus ecosistemas y por tanto como los generadores de los demás seres y la armonía entre las especies. Me gustaría contribuir a que los veamos como seres con más importancia que la nuestra, y a los que les debemos gratitud, pues son la base de nuestra vida, y merecen que los veamos con otros ojos, que los veamos como nuestros ancestros que crearon las condiciones para que pudiéramos nacer, y evolucionar en este planeta.

Para empezar, generaron la atmósfera que hoy podemos respirar. Purifican el aire, decimos, pero es más profundo, lo han creado ellos, es su aire el que permite que nuestros cuerpos vivan. Estamos muy ciegos, vemos a los árboles como esos accesorios sin los que el aire estaría contaminado, pero son ellos los que lo generaron, junto con las bacterias, a las que vemos como nuestras enemigas.

El árbol no sólo respira, hace una respiración consciente. Me explico: para empezar, es una respiración inversa, es decir, la nuestra, la de todos los seres pulmonados, está vuelta del revés en comparación con la suya que es la primordial, porque ellos fueron los primeros habitantes.

Es inversa, porque la hoja del árbol inhala el CO2 y con él elabora el oxígeno, sin embargo, nosotros inhalamos oxígeno y exhalamos CO2, de ahí que en nosotros esté al revés. A nosotros, el O2 nos da la vida, es el combustible del que extraemos la energía, y el CO2 nos mata, es un desecho o una toxina para nosotros, se podría decir que inhalamos vida y devolvemos lo acabado, lo muerto, pero el árbol hace el proceso contrario, inhala lo muerto, lo tóxico y con él hace vivificante O2, y por eso es una respiración consciente, porque simbólicamente, asume o inhala el mal y lo transforma en vida, esto si nos fijamos, nos está hablando del perdón, por eso la llamo respiración consciente, porque recibe simbólicamente el mal, y permite que no circule más por el mundo devolviéndolo como un bien. Por eso el árbol simbólicamente espiritualiza la materia y permite nuestra vida en ella, pues transmuta cada mal en un bien, hace una transformación, hace el proceso interior con el que puede devolver un bien por cada mal, se supera a sí mismo, el árbol transforma simbólicamente, lo negativo en amor.

Sin embargo hoy en día, desde nuestra mente mecánica y práctica, los árboles se ven sólo como fuente de riqueza, no son árboles, son madera para la construcción de nuestros hogares o de nuestros muebles, o incluso se ven como una energía renovable, pues los relacionamos con la biomasa (que es toda la materia orgánica susceptible de ser usada como fuente de energía), pero estamos en lo de siempre, aunque su uso para nuestra energía es limpio porque aporta un balance favorable de CO2 y no contribuye al cambio climático que estamos ocasionando, la obtención de esa biomasa, es decir la tala de árboles, debería ser más lenta que la propia capacidad de la tierra de renovarse, y eso es mucho tiempo, y no tenemos tanta paciencia, y podríamos acabar en un terrible futuro en el que hemos agotado los llamados recursos forestales, la atmósfera desaparece y morimos todos, y esa es la importancia más básica de los árboles.

Deforestamos sin conciencia, sin respeto por la inteligencia del planeta que generó el equilibrio natural y sin noción de cómo la vida se sostiene, permitimos y fomentamos los incendios, gracias a lo que llaman las leyes del mercado y los beneficios a toda costa, pero también porque ahora la sociedad separa u oculta la forma de obtención del producto de la gratificación por su consumo, volviéndolo todo aún más inconsciente, o quizás es que de alguna forma, nos molestan las zonas salvajes que no podemos controlar, porque quizás nos sentimos más seguros en las zonas urbanizadas, y según mi opinión personal, este comportamiento es el síntoma de que esta civilización y sus creencias están ya en declive, estamos en la parte decadente, en la obsolescencia o el principio del fin de la misma y hemos de poner ya atención en crear una nueva civilización más respetuosa, más consciente y en la que participe el corazón colaborando con lo mental.

Siguiendo con el tema, los árboles y las plantas están en constante desarrollo gracias a la fotosíntesis que usa la energía solar. La fotosíntesis es un pequeño milagro que nuestra mente racional banaliza, pero no deja de ser asombroso: la luz del Sol penetra en la hoja, y gracias a un motorcito milagroso llamado clorofila genera con esa energía del Sol la glucosa, un nutriente que alimenta, es decir, la luz del Sol, junto con el CO2 que la hoja respira, junto con el agua y los minerales que la raíz absorbe, consigue producir una molécula que alimenta la vida, y en el proceso se produce el O2 y genera la atmósfera que nos permite vivir sobre el planeta. Seres que generan atmósfera y alimento sólo con la luz del sol, los minerales y el agua y un gas tóxico que transforman en benigno… Definitivamente, les debemos la vida.

Además, hay más cosas del revés entre los árboles y los seres pulmonados: no sólo nuestra respiración lo está comparada con su respiración consciente, también nuestro pulmón lo está comparado con su copa, como si nosotros lo hubiéramos invaginado. De hecho, nuestros pulmones pueden ser comparados con sus ramas, porque hay similitudes entre las ramificaciones de los bronquios y el saco alveolar, y las ramas de un árbol y sus hojas. La diferencia es que en la hoja el aire queda fuera y en el alveolo, queda dentro.

Simbólicamente, hay también similitudes entre las partes del árbol y nuestros 7 centros energéticos o Chakras, por lo que meditar con árboles nos ayuda a equilibrarnos a nosotros mismos: 

Por ejemplo, las raíces de un árbol, nos hablan de lo más básico en nuestra vida, nuestro cuerpo físico heredado genéticamente y por tanto de nuestra cadena de ancestros y los patrones y hábitos de comportamiento del legado familiar, que serían como los programas que nos instalan para interpretar la realidad y que son la base de nuestro crecimiento; son nuestro lado tierra, y similares a nuestro Chakra Raíz.

Cuando el árbol emerge desde la oscura tierra hacia el exterior, cuando brota, nos habla de nuestro lado emocional porque es la sensibilidad, es decir, el sentir en nuestro interior lo que recibimos del exterior, lo que nos hace salir al exterior y una vez fuera, despertamos a los otros, a las relaciones con lo que nos rodea. Como el Chakra Sacro.

El siguiente aspecto del árbol es el tronco, que permite simbólicamente elevarnos sobre el suelo y nos habla de nuestra voluntad, y por él circula la savia que es la que conecta lo físico con lo espiritual, porque media entre el lado tierra o la raíz y el lado cielo o la copa, y que simboliza nuestro poder. Como el Chakra del Plexo Solar.

El siguiente nivel son las hojas y la respiración consciente, de las que ya hemos hablado, y el perdón, como el Chakra Corazón.

Luego están las ramas, sostenidas por el tronco, que serían ya parte de la copa, es decir, el lado cielo o espiritual del árbol. El tronco, que representa el alma que media entre el cuerpo o tierra y lo consciente, o cielo, por fin se ramifica, aparecen las ramas que son como las ideas que nos permiten expresarnos, como ellas se expresan, y comunicarnos. Nos habla del Chakra de la Garganta.

El árbol plasma con su ciclo anual los ciclos de la creación, o la respiración del Universo, en primavera la energía despierta y comienza a ser espirada, a salir hacia fuera y expresarse en forma de brote y reverdecimiento, en verano la energía está totalmente extrovertida, exteriorizada y el árbol está en su máximo apogeo. En otoño la energía inicia la inspiración y vuelve poco a poco a la tierra, y las hojas pierden su verdor y caen, y en invierno la energía está totalmente interiorizada, introvertida, el exterior duerme, pero el interior o lo espiritual está despierto, como en una meditación. Y este ciclo nos habla del 6º Chakra, del 3º ojo, de los ciclos madurativos, de la verdad desnuda o la visión con sentido, el discernimiento y la clarividencia.

Y por último tenemos la semilla y el fruto del árbol, que podemos equiparar a nuestro 7º Chakra, el de la coronilla, porque el fruto de lo aprendido contiene la semilla de nuestro nuevo yo, de nuestro potencial espiritual o grado evolutivo.

Meditar acerca de todo esto nos ayuda a vernos mejor y colocar todo en su sitio.

Paseando por un bosque se nota perfectamente la conciencia que nos observa, es algo muy sutil, pero nos podemos sentir observados, si prestamos atención, y también podemos notar la paz que emana de cada árbol, el amor silente y presente en cada uno.

Nos creemos los seres más inteligentes del planeta, pero al pasear por un bosque en el ahora, percibiendo en vez de pensando, se puede notar que ellos también son seres conscientes, que también comunican, sobre todo, si nos imaginamos al centrarnos en uno en particular, que bajo la tierra, su raíz se extiende tanto o más que su copa, entonces, nos damos cuenta de que las raíces de cada árbol se entremezclan y se abrazan con las de los demás, formando una red, como la red de neuronas de nuestro cerebro con capacidad de comunicarse.

De hecho, últimamente se han hecho descubrimientos muy interesantes, por parte de una tal Suzanne Simard profesora del depto. de bosques y conservación de la Univ. De la Columbia Británica, que ha estudiado las micorrizas, que son uniones simbióticas de hongos y raíces, (y que tienen aspecto de nodos, como si fueran cuerpos o núcleos de neuronas en la red de raíces). La Micorrizas son conocidas desde hace mucho tiempo por ser las que ayudan a las raíces a absorber los nutrientes del suelo, pero esta científica descubrió que las micorrizas no sólo conectan los árboles con la tierra, sino también entre ellos.

Gracias a unos experimentos que describían cómo fluía el carbono entre un abedul y un abeto, descubrió que los árboles se unen entre ellos a través de las micorrizas y forman redes, con individuos en su centro a los que llamó Árboles Madre formando comunidades conectadas entre sí, que intercambian nutrientes y agua, por tanto, hay comunicación entre ellos, hay interacción, está demostrado científicamente. Además, por si alguien aún lo duda, continuaron investigando y descubrieron que también intercambian señales químicas e incluso sonidos entre ellos.

Esto hace que cambie científicamente el concepto de planta desde la idea de que son autómatas inconscientes, hacia el reino de los seres con inteligencia. Así pues, los árboles también tienen ese lado consciente igual que los animales lo tienen, con sus aprendizajes y su toma de decisiones, por supuesto, siempre abriendo nuestros conceptos estrechos de lo que es inteligencia, aprendizajes y comunicación, como siempre os pedimos en nuestros programas, es decir, entendiendo inteligencia según las capacidades también de nuestro hemisferio derecho y no sólo las del izquierdo o mental.

Y esto, nos da pie para comunicarnos con ellos usando los lenguajes del corazón de los que tanto hablamos en nuestros programas, las capacidades telepáticas, perceptivas, y sutiles del hemisferio derecho. De hecho, podemos comunicar con cualquier parte de la naturaleza. La meditación más potente que he hecho nunca fue frente a un árbol, me centré en él tan profundamente que acabé siendo él y pude sentir mis piernas falcadas en tierra como las raíces, el tronco fuerte pero flexible, las ramas como cien brazos y las hojas entre mis dedos, movidas por el aire haciéndome cosquillas.

En otra ocasión me enseñaron cómo notar el aura de un pino. Las palmas de nuestras manos son muy poderosas, por ellas sale la energía de nuestro corazón y si ponemos nuestras palmas en paralelo al tronco, un poco alejados de él, y las movemos hacia él, habrá un momento en que notemos una resistencia muy sutil y esa es la frontera del aura del árbol. Es una experiencia que disfruté mucho.

Por otro lado, el hecho de conectar con los árboles de conciencia a conciencia también nos puede hacer pasar grandes duelos. Por ejemplo, recuerdo en el pueblo en el que trabajé de veterinaria que había cerca de la ventana de mi casa un enorme e imponente castaño de indias, que cientos de pájaros usaban para pasar la noche. Acudían al anochecer e iniciaban un hermoso piar parlanchín al amanecer. Ciertos vecinos acabaron hartos de ser despertados por el piar de cada mañana e iniciaron una campaña para talar el árbol, un día llegué a casa y el árbol ya no estaba y el vacío energético, el vacío de vida, el vacío que dejó ese árbol se me hizo infinito.

Pero, inspirada en cómo viven la vida los animales, hago esfuerzos enormes por no juzgar a los vecinos que tomaron esa decisión, aunque haya sido el fin de un Ser tan Magnífico, y lo haya vivido yo con dolor, pues no sé qué experiencias decidieron tener al encarnar, ni cuáles son las lecciones que decidieron aprender, y no sé si el espíritu del árbol estuvo de acuerdo en ser liberado, y por eso prefiero aprender de los pájaros que lo usaban para pasar la noche, que se han adaptado y han encontrado nuevos sitios sin rencores, ni juicios ni odios, prefiero, como ellos hacen, esperar con amor a que nadie más sienta la necesidad de talar un árbol, tan sólo si es por algo constructivo y no egoísta, pues ese es el buen uso de destruir, sólo para construir.

Así que, para acabar, el día del Árbol debería celebrar un Amor, una gratitud y un profundo respeto por ellos, y fomentar la idea de que nos dieron la vida y nos permiten vivir en el planeta y crecer como individuos, a nosotros y a todos los seres, pues es a través de despertar ese amor, como podremos revertir la tendencia actual de talar los bosques, que es una tendencia suicida, hacia la de respetar con amor y comunicar con los que nos rodean y por qué no, plantar nuevos árboles, y quizás también ese amor ayudará a poner conciencia en cómo se ha obtenido el recurso del objeto de madera que compramos como consumidores, y al plantar uno, podremos hacerlo meditando o siendo conscientes de que estaban aquí cuando llegamos y seguirán aquí cuando hayamos abandonado este plano, y que beneficiarán con aire y alimento a los seres que se queden, limpiando el desastre que hemos dejado.

Si te interesa verlo entero: está en You Tube

Si te interesa oírlo entero: también en IVOOX

Si quieres oír más programas, los puedes encontrar en esta web

Si deseas una tirada de cartas de animales guía gratuita, haz click aquí

Si eres más de buscar a tus animales de poder con métodos ancestrales, haz click aquí

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
losanimalesmehablan.com